Lecciones de escuela sabatica (Leccion 2)


Lección 2

Para el 12 de enero de 2008

EL DISCIPULADO, ENTONCES Y AHORA

Sábado 5 de enero
   

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 24:14; 28:19, 20; Marcos 16:20; Juan 3:21-30; Hechos 5:34-39.

PARA MEMORIZAR:

“Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Mar. 16:20).

EL DISCIPULADO ya existía antes del ministerio terrenal de Jesús. Varios siglos antes de su venida a este mundo en carne humana, hubo maestros que reunían discípulos que influyeron en las vidas de otros con sus instrucciones. Esto fue cierto entre los griegos, los judíos, los chinos y otras culturas antiguas. Varios de estos maestros rehusaron aceptar el uso del término maestro con referencia a sí mismos o el de discípulos al referirse a sus alumnos, porque ¡tan estrecho era el vínculo entre ellos!

Esta semana, se compara el discipulado con el discipulado de Jesús, y se examinan sus implicaciones para los discípulos de Jesús que viven en el siglo XXI.

UN VISTAZO A LA SEMANA: ¿Cómo era el discipulado entre los griegos y los judíos? ¿De qué modo el discipulado de Juan el Bautista y el de Jesús fueron diferentes? ¿Qué aplicaciones, para la tarea contemporánea del discipulado, podemos obtener del discipulado en los tiempos de Jesús?

Domingo 6 de enero

 

EL DISCIPULADO ENTRE LOS GRIEGOS

“Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús” (Juan 12:20, 21).

El hecho de que estos griegos hayan ido a adorar a la fiesta ya debería decirnos algo acerca de ellos. Además, los versículos anteriores revelan que estaban ocurriendo tantas cosas que la actitud de los griegos no debería sorprendernos.

Lee los siguientes textos. ¿Qué vislumbre nos dan ellos sobre lo que estaba sucediendo allí? Jer. 29:13; Juan 1:9; 6:44; Hech. 10:34, 35.

La semana pasada vimos que Jesús siempre elegía a sus propios discípulos. Los textos recién leídos podrían, a primera vista, indicar algo diferente. No obstante, este no es el caso. Aun aquí el Espíritu estaba atrayendo a estos griegos.

En la cultura griega, el discipulado tomó muchas formas. Aunque algunos maestros griegos iniciaban el llamado al discipulado, la tradición era que los estudiantes elegían al maestro. Los estudiantes, no el maestro, iniciaban la relación. Además, era común que los maestros cobraran una tarifa a los alumnos que estudiaban con ellos.

En este caso, bajo la conducción del Espíritu Santo, estos griegos estaban buscando a Jesús, para aprender de él. Siendo que Dios usa lo que sabemos para enseñarnos lo que necesitamos saber, este es un concepto viable. De hecho, Elena de White nota que “los griegos anhelaban conocer la verdad acerca de su misión” (DTG 575). Ella también dijo que Jesús les otorgó su pedido.


Si alguien viniera a ti, como esos griegos fueron a Felipe, y te dijera: “Quisiéramos ver a Jesús”, ¿qué responderías? ¿Cómo le presentarías a Jesús?


Lunes 7 de enero

EL DISCIPULADO ENTRE LOS JUDÍOS

Las relaciones alumno-maestro se mencionan en los escritos de eruditos judíos tales como Filón y Josefo. También hubo dos rabíes famosos, Hillel y Shammai, que tenían escuelas rivales en Jerusalén y que atraían seguidores. También se nos dice, en Hechos, que Saulo de Tarso era discípulo del rabí Gamaliel, otro famoso maestro judío del primer siglo (Hech. 5:34-39; 22:3).

Lee los textos recién indicados arriba. De ellos, ¿qué podemos aprender acerca de Gamaliel?

Estos maestros tuvieron mucha reputación en todo el primer siglo entre los judíos. Atraían seguidores de todo el mundo hacia Jerusalén, el centro del conocimiento teológico y jurídico, para sentarse a los pies de estos maestros. Un joven judío que deseaba llegar a ser un rabí comenzaba su educación como alumno a una edad muy temprana, tal vez ya a los 14 años. Estaba en contacto personal con su maestro, escuchando sus instrucciones, imitando sus gestos, y aprendiendo de él en el aula y en la vida diaria. En la clase, asumía la posición de un aprendedor, sentado a los pies de su maestro. Cuando dominaba el material tradicional, se lo designaba como un erudito no ordenado. La ordenación venía más tarde, a una edad prefijada. En esa ocasión, se le otorgaba el título de rabí, así como la autoridad eclesiástica sobre los judíos del mundo entero.

Lo que hemos visto en los párrafos precedentes es consistente con las vislumbres de las relaciones maestro-alumnos que encontramos en el Nuevo Testamento.

¿Qué luz arrojan ellos sobre la comprensión de los siguientes pasajes? Mat. 16:19; 18:18.


¿Has conocido a un maestro, a quien admiraste, que produjo un gran impacto en tu vida para el bien? ¿Qué aspectos de ese maestro te impresionaron más? ¿De qué maneras puedes imitar esos rasgos en tu propia vida?


Martes 8 de enero

EL DISCIPULADO CON JUAN EL BAUTISTA

Lee Juan 3:21 al 30. Explica lo que indican estos pasajes acerca de Juan el Bautista en relación con el discipulado. ¿Fue él también un maestro que reunía discípulos? Siendo que él no tenía educación rabínica, ¿qué dice el título de rabí acerca de la consideración que sus alumnos tenían por Juan?

Es evidente que algunos judíos se preguntaban si Juan el Bautista era el Mesías. Esto está implícito en las preguntas que le hicieron los mensajeros enviados a Juan el Bautista por los sacerdotes y los levitas desde Jerusalén (Juan 1:19-28). Sus preguntas son importantes, especialmente cuando consideramos que entre los judíos el concepto de dos mesías se había desarrollado durante este período entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Esperaban un mesías sacerdotal de la tribu de Leví y un mesías regio de la tribu de Judá. Es notable que los sacerdotes y los levitas hayan enviado a los mensajeros, ya que ellos pertenecían a la tribu de Leví. Es posible que los discípulos de Juan lo hayan visto como un mesías sacerdotal; después de todo, él era de la tribu de Leví.

Esta creencia pudo también haber motivado a los visitantes de Jerusalén, ya que preguntaron a Juan acerca de su misión. Algunos eruditos creen que esta fue la razón por la que el autor del cuarto Evangelio registrara tanto de lo que dijo el Bautista acerca de Jesús. Él quería que fuera absolutamente claro que Juan el Bautista vio a Jesús como el Mesías, y no a sí mismo como tal. Tal vez es contra este trasfondo que debemos comprender Juan 3:25 y 26.


¿Cuál era el problema que causó cierta angustia entre los discípulos de Juan? Ver Juan 3:21 al 30. ¿Qué señala esta actitud acerca de ellos? En contraste, ¿qué nos indica la respuesta de Juan acerca de su carácter? ¿Qué principios podemos aprender de la respuesta de Juan, que podríamos aplicar a nuestras propias vidas?


Miércoles 9 de enero

 

EL DISCIPULADO CON JESÚS

Desde el mismo comienzo de su ministerio público, Jesús tuvo discípulos.

Él apareció en el escenario judío del primer siglo como un maestro que reunía discípulos, como era la tradición tanto de los maestros griegos como de los judíos. También había puntos de contacto con Juan el Bautista, siendo que Juan lo bautizó como preparación para su misión. Al igual que en las tradiciones judías y griegas, Jesús tuvo discípulos que lo seguían a todas partes, que escuchaban sus enseñanzas y que lo imitaban (Mat. 5:1, 2; Juan 1:35-40; 2:1, 2).

Lee cuidadosamente Mateo 4:18 al 20; luego (repasando las secciones del domingo y del lunes), compara las formas en que llegaban a ser discípulos de Jesús, de los maestros griegos y de los rabíes establecidos. ¿Qué cosas tenían ellos en común? ¿En qué cosas eran diferentes?

“Hasta entonces, ninguno de los discípulos se había unido completamente a Jesús como colaborador suyo. Habían presenciado muchos de sus milagros, y habían escuchado su enseñanza; pero no habían abandonado totalmente su empleo anterior. El encarcelamiento de Juan el Bautista había sido para todos ellos una amarga desilusión. Si tal había de ser el resultado de la misión de Juan, no podían tener mucha esperanza respecto de su Maestro, contra el cual estaban combinados todos los dirigentes religiosos. En esas circunstancias, les había sido un alivio volver por un corto tiempo a su pesca. Pero ahora Jesús los llamaba a abandonar su vida anterior y a unir sus intereses con los suyos. Pedro había aceptado el llamamiento. Llegando a la orilla, Jesús invitó a los otros tres discípulos, diciéndoles: ‘Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres’. Inmediatamente lo dejaron todo, y lo siguieron” (DTG 213, 214).


Cuando Jesús te llamó, ¿qué abandonaste para seguirlo a él? ¿Cuál fue tu respuesta a ese llamamiento? ¿Podrías todavía estar aferrándote a algo que está en tu camino para no comprometerte completamente con el Señor?


Jueves 10 de eneero

EL DISCIPULADO CONTEMPORÁNEO

“Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Mar. 16:20).

De acuerdo con el versículo recién citado, ¿cuál es una de las características principales que se vieron en los discípulos de Cristo? ¿Qué mensaje tiene esto para nosotros también? Ver también Mat. 24:14; 28:19, 20; Apoc. 14:6-12.

Además del hecho de que los discípulos estaban predicando por todas partes, Marcos dice que el Señor obraba con los primeros discípulos después de su partida y confirmaba su palabra entre ellos por las señales que la acompañaba. Los discípulos contemporáneos ¿ven la confirmación de la palabra de Dios entre ellos por medio de señales y milagros? ¿Cuáles son algunas de las señales y los milagros que vemos? ¿De qué modo definimos señales y milagros? ¿Deberíamos esperar la misma clase de señales y milagros en todas las culturas, los tiempos y las sociedades?

¿Hay otras formas, además de las señales y los milagros, para que Dios confirme su palabra entre nosotros? Si es así, ¿cuáles son?

Jesús no espera menos de sus discípulos de hoy que de los primeros. Él requiere de nosotros el mismo compromiso con la tarea. Sin embargo, dice: “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mat. 9:29). Además, él dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:13, 14)

 


¿Cuán involucrado estás en la obra de difundir el evangelio? ¿Cuáles son tus dones espirituales y cómo pueden usarse en esta obra? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo en términos de ayudar a otros a conocer las maravillosas verdades que se te han confiado? ¿Qué indica tu respuesta acerca de ti mismo?


Viernes 11 de enero

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee en el Comentario bíblico adventista, tomo 5, las páginas 422 y 423; 569 a 573; 909 y 910, 997 a 999; El Deseado de todas las gentes, páginas 409 y 410.

“Durante un tiempo, la influencia del Bautista sobre la Nación había sido mayor que la de sus gobernantes, sacerdotes o príncipes. Si hubiese declarado que era el Mesías y encabezado una rebelión contra Roma, los sacerdotes y el pueblo se habrían agolpado alrededor de su estandarte. Satanás había estado listo para asediar a Juan el Bautista con toda consideración halagadora para la ambición de los conquistadores del mundo. Pero, frente a las evidencias que tenía de su poder, había rechazado constantemente esta magnífica seducción. Había dirigido hacia Otro la atención que se fijaba en él. Ahora veía que el flujo de la popularidad se apartaba de él para dirigirse al Salvador. Día tras día, disminuían las muchedumbres que lo rodeaban. […] Pero los discípulos de Juan miraban con celos la popularidad creciente de Jesús” (DTG 150).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Qué implica dejar todo atrás para seguir a Jesús? ¿Cuáles son las diferentes formas en que se manifiesta este compromiso en nuestras vidas? Prepárate para contar, el sábado en la clase, tu propia comprensión de lo que esto significa.
  2. ¿Qué lugar deberían tener nuestras instituciones educativas en ayudar a hacer discípulos? ¿De qué modo pueden nuestras iglesias y nuestras escuelas trabajar mejor juntas en este importante desafío?
  3. Aun en el tiempo de Jesús, había rivalidad entre los discípulos. ¿Por qué algo así es tan común, aun en una obra que es, idealmente, tan exaltada; una obra que por su misma naturaleza debería mantenernos humildes y ansiosos de que los demás tengan éxito? ¿Qué cosas prácticas podemos hacer para evitar que caigamos en esta trampa?
  4. ¿Qué diremos de todo este tema de las señales y los milagros? ¿Creemos en esto? Si es así, ¿qué creemos acerca de esto? ¿Qué demuestran las señales y los milagros? ¿Qué es lo que no demuestran? ¿Por qué deberíamos siempre acercarnos a estas cosas con precaución, humildad y una firme dependencia en la Palabra de Dios?

Una respuesta

  1. dddddddddddddddd

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