Leccion de escuela sabatica 2008-2 (leccion 1)


Lección 1

¿Quién fue Jesús?

Para el 5 de abril de 2008

Sábado 29 de Marzo

LEA PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 16:13-16; Juan 20:26-28; 1 Corintios 1:18-27; 15:3-7.

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre” (Mat. 16:13).

DESDE LOS PRIMEROS DÍAS DE SU MINISTERIO, hubo discusión y debate acerca de Jesús. Cuán interesante es que esa discusión continúe todavía hoy. Comenzó con la gente de su propio tiempo y de su propio pueblo. “¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María?” (Mat. 13:54, 55).

Es lo que se podría llamar el escándalo de lo particular: Está bien que el Mesías había de venir de alguna parte, pero no de un lugar tan familiar para nosotros, y ciertamente no de una familia que es igual que el resto de nosotros. En una forma u otra, las mismas preocupaciones fundamentales expresadas por esta gente del pueblo, con respecto a la identidad de él, han enmarcado el debate acerca de Jesús a lo largo de los siglos y fortalecido la mística alrededor de él.

En realidad, ¿quién era Jesús? ¿Por qué lo confundieron con otro personaje destacado entre los judíos? ¿Cuáles fueron los desafíos a la integridad y a la identidad de Jesús que se presentaron en los siglos posteriores a la era del Nuevo Testamento? ¿Cuán convencidos estaban los escritores bíblicos de su identidad, y por qué? Estas son algunas de las preguntas que examinará la lección de esta primera semana.

Domingo 30 de marzo

Lea Comentario EGW

NO EL BAUTISTA (Mat. 16:14)

La pregunta hecha por los propios vecinos de Jesús (Mat. 13:54, 55) surgió repetidamente durante su ministerio público, y de diversas maneras, cuando las personas de las diferentes regiones de Palestina se encontraron con él. Por eso, al pasar por la región de Cesarea de Filipo con sus discípulos, unos seis meses antes de la crisis final de su vida, él sintió la necesidad de obtener de sus discípulos la respuesta a la pregunta del momento: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mat. 16:13).

Lee la respuesta de los discípulos en Mateo 16:14. ( Lea CBA ) ¿Qué nos indica esto acerca de su familiaridad con las preguntas teológicas del momento? ¿Por qué crees que Jesús quería plantear este tema en este momento específico?

El informe de lo que la gente estaba diciendo acerca de Jesús probablemente proporciona vislumbres de cómo las diferentes personas y los diferentes grupos experimentaron su ministerio en su propio ambiente. ¿Cómo era posible que algunos pensaran que Jesús podría ser Juan el Bautista, cuando ambos eran contemporáneos? Y ¿qué aspectos del ministerio de Jesús pudieron haberse parecido a los del Bautista?

Para obtener algunas respuestas posibles, considera los siguientes pasajes: Mateo 3:1-3; 4:12, 13, 17; 14:1, 2; Marcos 1:1-5.

Por supuesto, hoy difícilmente entendamos cómo era posible confundir a Jesús con Juan el Bautista. Pero, dadas la ausencia de comunicaciones masivas en el primer siglo, y la abundancia de información de segunda mano y de rumores, era fácil confundirse. Después de todo, los ministerios de Juan y de Jesús tenían algunas similitudes, como lo indican los pasajes recién citados. Pero, los que realmente se habían encontrado con Juan deberían haber quedado sin ninguna duda (Mat. 3:11, 12; Mar. 1:6-8).


Es fácil mirar hacia atrás y ver los errores de otros, y preguntarnos cómo pudieron hacer lo que hicieron. ¿Qué lecciones podemos aprender al observar estos errores que pueden ayudar a protegernos de cometer la misma clase de equivocaciones?


Lunes 31 de marzo

NO ELÍAS, O JEREMÍAS O ALGUNO DE LOS PROFETAS

Lee de nuevo Mateo 16:14. Una cosa es que la gente confundiera a Jesús con Juan. Pero ¿con Elías? ¿O Jeremías? ¿O con alguno de los otros profetas del Antiguo Testamento? ¿De dónde salieron estas ideas?

Elías era el profeta intrépido famoso por el incidente del Monte Carmelo, el tizón que tuvo la temeridad de confrontar al recalcitrante rey de Israel y su demoníaca esposa. Él fue el que se sostuvo solo frente a la religión establecida en el corrupto régimen de Acab (ver 1 Rey. 18).

Jeremías (“el profeta llorón”), que llegó a la escena en un momento de intensos fermento y crisis nacionales, transmitió un mensaje a sus compatriotas que no podría haber sido menos bienvenido en el talante nacional; y él tuvo que pagar por ello (Jer. 20:1, 2, 7, 8).

En cuanto al resto de los fieles profetas de Dios del Antiguo Testamento, Jesús, en sus severísimos ayes sobre los escribas y los fariseos, dejó el tratamiento de estos baluartes piadosos para el final, como para sugerir que era el punto central que quería establecer: “Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas” (Mat. 23:31).

¿Qué importancia ves en el hecho de que los contemporáneos de Jesús lo identificaron con estas personalidades específicas?

Ser confundido con cualquiera de estas personas incluidas en la respuesta de Pedro en Mateo 16:14 era claramente un cumplido notable. Estos fueron gigantes espirituales, cuyo carácter sólido resonaba profundamente en la sociedad judía. Pero, por aduladoras que fueran, tales comparaciones (como hemos llegado a saber) caían muy lejos de la verdad. Si Jeremías hubiese dicho, por ejemplo, que él era la luz del mundo, la historia lo hubiera considerado un demente. Y, por espectacular que haya sido la victoria en el Carmelo, si Jesús se hubiera acobardado frente a las amenazas, como lo hizo el antiguo héroe del Carmelo, no estaríamos ahora cayendo a sus pies en actitud de reverencia. Confundir a Jesús con estos antiguos valientes, por gratificante e intrigante que fuera, queda muy lejos de la realidad descrita en los evangelios.


¿Cuál es la diferencia principal entre Jesús y todos estos otros profetas, y por qué esa diferencia es tan importante para nosotros? (Ver Juan 1:1-5; 17:5; Heb. 1:1-3.)


Martes 1° de abril

CONTINÚA LA FASCINACIÓN – 1

El Nuevo Testamento no especula acerca de Jesús. Sencillamente lo presenta como el divino Hijo de Dios. Tampoco responde a las numerosas preocupaciones acerca del ser y la persona de Jesús que ocuparía a las generaciones posteriores. No obstante, en todas las discusiones y las argumentaciones, había una aceptación básica y profunda de la centralidad de las Escrituras y de la identidad básica de Jesucristo.

Pero, la así llamada Época de la Iluminación (durante los siglos XVII y XVIII) cambiaría todo esto. Las Escrituras ya no constituyeron el fundamento del discurso acerca de Jesús. En cambio, se comenzaron a aplicar nuevos métodos y criterios al estudio de otros documentos antiguos, y también los aplicaron a la Biblia. Entonces, con todo eso sujeto al análisis racional y a la crítica, se rechazó el supernaturalismo, una presuposición fundamental de la fe bíblica. El concepto bíblico tradicional de una raza humana caída en el pecado y que necesitaba un rescatador divino fue reemplazado por el humanismo, una creencia optimista en la capacidad y el progreso humanos.

El cambio de visión fue tan radical y de un alcance tan abarcante que muchos pensaron que estaban contemplo el fin del cristianismo. La religión fue considerada obsoleta, y la razón, una vez la sirvienta de la teología, llegó a ser su amante reconocida. El resultado fue que el foco cambió ahora, del Jesús descrito en los evangelios, el Jesús de nuestra salvación, al Jesús histórico, supuestamente el verdadero Jesús como realmente vivió, sin el bagaje teológico impuesto a él por los evangelios y la piedad cristiana posterior. En otras palabras, este Jesús, quienquiera que haya sido, seguramente no fue el Salvador del mundo.

Al reflexionar en este desarrollo, considera lo siguiente:

  1. Los escritores de los evangelios tenían gran confianza en la verdad de lo que habían escrito (ver Luc. 1:1-4). ¿Qué dice Lucas acerca de lo que él estaba escribiendo? ¿Por qué podemos confiar en ello?
  2. Uno de aquellos testigos presenciales de los que Lucas habla era Pedro, quien él mismo tuvo que enfrentar a los que dudaban y a los escépticos (ver 2 Ped. 1:16-21). Aunque Pedro está hablando aquí acerca de problemas más amplios que solo el de la identidad de Jesús, ¿cómo podríamos usar este enfoque para asegurarnos contra el ataque del Iluminismo, del que estamos hablando?
  3. Pablo también necesitó referirse directamente al problema de Jesús. ¿Qué argumentos usó él? (Ver 1 Cor. 1:18-27; 15:3-7.)

Miércoles 2 de abril

Lea Comentario EGW

CONTINÚA LA FASCINACIÓN – 2

El movimiento llamado del “Jesús histórico” se fundó en la creencia de que todavía podemos encontrar, en los evangelios, suficientes datos para reconstruir un retrato de Jesús como un personaje histórico, a pesar de la distorsión teológica realizada por la iglesia primitiva (como alega el pensamiento Iluminista). Los defensores veían a este nuevo enfoque del estudio de Jesús como científico y, de este modo, en armonía con el pensamiento de la época.

La tendencia dominó hasta el siglo XX, cuando nuevos estudios ayudaron a socavar todo este movimiento, mostrando cómo esta idea del Jesús histórico era totalmente no científica y subjetiva. Los estudios expusieron toda esta empresa racionalista como un miserable fracaso.

Los estudios de la historia de Jesús son largos, enredados y complicados; y no nos necesitan detener más. Excepto para mencionar que el así llamado Seminario de Jesús, un grupo contemporáneo de eruditos radicales, decidió lograr el éxito donde otras búsquedas históricas anteriores fallaron. Su meta es “‘rescatar a Jesús de los doctores’ que escribieron los evangelios”.–Roy Hoover, en Kenneth L. Woodward, “The Death of Jesus”, Newsweek (4 de abril de 1994), p. 39.

Hoy, pocas personas toman a la gente del Seminario de Jesús con seriedad. (Después de todo, ¿cuán en serio puedes tomar a personas que alegan que Jesús, en lugar de haber resucitado después de su muerte, fue comido por los perros?) Hoy, la posición cristiana corriente insiste en que el cristianismo se funda en una base histórica firme. No obstante, después de dos milenios de críticas y controversias, Jesús sigue siendo, sin disputa, el Maestro de los siglos.

En una de sus réplicas más penetrantes a los intelectuales sofisticados de sus días, Pablo se centró en la esencia de la proclamación cristiana: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Cor. 1:18). ¿Por qué el mensaje de la Cruz es tan importante para nosotros también hoy?


Lee 1 Corintios 1:18 al 27. ¿Qué mensaje hay para nosotros en estos versículos? ¿Cuáles son algunos de los hechos que creemos que sencillamente no pueden ser explicados por la “sabiduría del mundo” (vers. 20)? ¿De qué maneras “ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo”? (vers. 20).


Jueves 3 de abril

MESÍAS, EL HIJO DE DIOS (Juan 17:3)

Quién fue Jesús no es sencillamente una proposición teológica que deba ser probada o rechazada. No, estamos tratando aquí con la fe de innumerables personas a lo largo de los siglos. Si Jesús no es lo que ellas creían que era, entonces todas estaban aferradas a falsedades y fábulas, y todas están perdidas. Si Jesús sencillamente fue un hombre que vivió hace dos mil años en Palestina, entonces la Iglesia Cristiana ha estado involucrada en el engaño más censurable de la historia del mundo.

¿De qué modo los siguientes textos penetran en el núcleo del problema?

Mat. 1:22, 23 ( Lea CBA )

Mat. 11:2-6 ( Lea CBA )

Mat. 22:41-45 ( Lea CBA )

Mar. 14:61-64 ( Lea CBA )

Juan 20:26-28 ( Lea CBA )

La reacción de los discípulos, al presenciar el milagro de calmar la tormenta (Mat. 8:23-27), debiera también ser la nuestra: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (vers. 27). La noche de su arresto, el sumo sacerdote planteó una pregunta directa a Jesús y le ordenó contestarla bajo juramento: “‘Te ordeno […] que nos digas si eres el Cristo, el Hijo de Dios’ ‘Tú lo has dicho’ –respondió Jesús” (Mat. 26:63, 64, NVI). Y, en la sala de Pilato, el gobernador tuvo su propia pregunta: “¿Eres tú el rey de los judíos?” La respuesta de Jesús fue la misma: “Tú lo dices” (Mat. 27:11, NVI).

Desde cualquier punto de vista, estas dos respuestas fueron extraordinarias. Si Jesús solamente hubiese sido el hijo (como se creía) de un humilde carpintero de Nazaret, pudo tener la osadía de responder Sí a la pregunta de Pilato acerca de su reinado, él obviamente estaba pensando en realidades que trascienden a este mundo. Y esto es lo que vimos en su respuesta en el palacio del sumo sacerdote: “De ahora en adelante verán ustedes al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo” (Mat. 26:64, NVI.)

De este modo, los evangelios (y el resto del Nuevo Testamento) lo aclaran muy bien: En Jesús tenemos, en carne humana, al Hijo del Dios viviente, y tiene el derecho de extender la invitación excepcional: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mat. 11:28, NVI).

viernes 4 de abril

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Sobre el tema de la identidad de Jesús, lee en El Deseado de todas las gentes, “¿No es este el Hijo del carpintero?”, pp. 203-210.

“¿Quién es este Jesús? preguntaron. El que se había arrogado la gloria del Mesías era el hijo de un carpintero, y había trabajado en su oficio con su padre José. Lo habían visto subiendo y bajando trabajosamente por las colinas; conocían a sus hermanos y sus hermanas. […] Lo habían visto convertirse de niño en adolescente, y de adolescente en hombre. Aunque su vida había sido intachable, no querían creer que fue el Prometido” (DTG 204). “No querían admitir que aquel que había surgido de la pobreza y la humildad fuese otra cosa que un hombre común” (DTG 206).

“Un hombre que era meramente un hombre y decía esa clase de cosas que Jesús decía no sería un gran maestro moral. O era un lunático […] o, si no, sería el Diablo del Infierno. Cada uno debe hacer su elección. O este hombre era, y es, el Hijo de Dios; o si no, es un loco o algo peor. Lo pueden descartar como un necio, pueden escupir sobre él y matarlo como un demonio; o pueden caer a sus pies, y llamarlo Señor y Dios. Pero no vayamos a favorecer la insensatez de que él fue un gran maestro humano. Él no dejó eso abierto ante nosotros. No tuvo la intención de hacerlo”.–C. S. Lewis, “The Shocking Alternative”, p. 56.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Qué hace que sea más fácil para nosotros, que vivimos dos mil años después de Jesús, aceptarlo a él como el Mesías, que para los que vivieron al mismo tiempo que Jesús? ¿Qué lo hace más difícil?
  2. El escepticismo acerca de Jesús probablemente seguirá mientras el tiempo dure. ¿Cuál es, para ti, la evidencia única más convincente de la validez de Jesús y de su gracia salvadora? ¿Cómo podrías compartir esta evidencia con otros para que pudiera ayudarlos a convencerse también?
  3. Consideramos esta semana cómo el racionalismo científico llamado “Iluminismo” fue usado como un arma contra la fe. ¿Cuáles son algunos otros tipos de “ismos”, filosofías o ideologías, que prevalecen en tu propia cultura, que operan también en contra de la fe? Pero, lo más importante, ¿cómo puedes afrontar estos desafíos?
  4. Como clase, repasen 1 Corintios 1:18 al 27. ( lea CBA ) ¿Qué mensaje da Pablo que es importante que recordemos todos nosotros?

Lección 1

¿Quién fue Jesús?

MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO

El sábado enseñaré…

Texto Clave: Mateo 16:13-15

Enseña a tu clase a:

  • 1. Saber que la vida y el ministerio de Jesús no fueron mitos, sino que él fue realmente el Mesías, el Hijo del Dios viviente.
  • 2. Sentir la necesidad de estar unido a Jesús, quien es un Salvador muy personal para todo el que cree.
  • 3. Hacer conocer a otros que Jesús vino a salvar de los efectos desastrosos del pecado a un mundo caído.

Bosquejo de la Lección

I. ¿Quién dicen los hombres que yo soy?

A. La cuestión de la identidad de Jesús fue repetida a lo largo de todo su ministerio sobre la tierra.

B. Los discípulos estaban familiarizados con el tema corriente en sus días acerca de quién era realmente Jesús.

C. Jesús quería que los discípulos estuvieran seguros de quién era él, a pesar de lo que los demás estuvieran diciendo.

II. ¿Un Salvador o un personaje importante de la historia?

A. En los siglos XVII y XVIII se aplicaron nuevos criterios científicos al estudio de la Biblia.

B. El pensamiento racional reemplazó el concepto bíblico de un ser divino que vino para rescatar del pecado a la humanidad.

C. A Jesús ya no se lo presentaba como un Salvador, sino como un personaje histórico, un buen hombre/maestro que vivió hace mucho tiempo.

III. Prevalece la fe bíblica

A. En el siglo XX, el concepto científico de quién fue Jesús comenzó a vacilar.

B. Hoy, el punto de vista cristiano prevalece entre muchos: sosteniendo a Jesús como el Salvador de un mundo pecaminoso.

C. Nuestra fe en Jesús descansa sobre los informes de los discípulos en el Nuevo Testamento, quienes presenciaron los muchos milagros de Jesús y testificaron que él era el Mesías.

Resumen

A lo largo de los siglos ha habido mucho debate acerca de la verdadera identidad de Jesús. Sin embargo, a pesar de las aplicaciones científicas a las enseñanzas bíblicas, todavía predomina la fe en Jesús como el Salvador del mundo.

Ciclo natural de aprendizaje

Paso 1 ¡Motiva!

SOLO PARA LOS MAESTROS: Este trimestre nos concentramos en el regalo más importante que el Cielo nos envió: ¡Jesús! Nada, en la historia, es tan grande o tan importante como la Persona de Jesús, su vida y su ministerio, sus enseñanzas y sus promesas, y su muerte, resurrección y retorno. Cada lección, en este trimestre, presenta una oportunidad de motivar a tu clase para descubrir de nuevo la maravilla que es Jesús. Al fin de cada lección, se debiera conducir a los miembros de la clase a tener una experiencia fresca con él, que dé sustento a su vida.

Mil preguntas nos confrontan cada día, pero ninguna es tan vital como la que Jesús mismo planteó: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?’ (Mateo 16:13). Una respuesta veraz proporciona significado a nuestra vida en medio del caos, y define nuestro destino en términos de vida eterna y de compañerismo con Dios.

Analiza con la clase dos aspectos de esta pregunta. Primero, ¿quién dice la gente hoy que es Jesús? Considera a los ateos, los hindúes, los musulmanes, los budistas, los científicos, los filósofos y otros. ¿Qué dicen acerca de Jesús? Segundo, ¿qué dices tú acerca de quién es Jesús? ¿De qué modo tu respuesta afecta tu vida?

Paso 2 ¡Explora!

SOLO PARA LOS MAESTROS: ¿Quién fue Alejandro Magno? ¿Quién fue Abraham Lincoln? ¿Quién fue Mahatma Gandhi? ¿Quién fue Martin Luther King? ¿Quién fue Carl Marx? Saber la respuesta correcta a estas preguntas puede producir alguna diferencia en la forma en que vives, o no. Pero no es igual a la pregunta: ¿Quién es Jesús? Analiza con tu clase la importancia de esta pregunta.

Comentario de la Biblia

Mateo 16:13 al 17 es básico para la comprensión de Cristo y su misión. Cuando Jesús hizo la pregunta: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?’, él estaba desafiando a cada generación y a cada ser humano con la necesidad de enfrentar el tema honesta y directamente. Surgen tres actitudes comunes: indiferencia, admiración y aceptación.

I. Indiferencia

Nazaret es un ejemplo de indiferencia hacia Cristo, y su rechazo: ‘¿No es éste el hijo del carpintero?’ (Mateo 13:55). Sí, Jesús era un carpintero, pero era más que eso. Es esta dimensión adicional de la naturaleza de Cristo –que Jesús es Dios en la carne– lo que ofende a muchos. Los de Nazaret estaban ciegos e indiferentes a Cristo por la misma razón que muchos hoy son indiferentes a él. Cristo aparece no como un buen maestro, un obrador de milagros, un difusor consumado de sabiduría, sino como alguien que demanda una adhesión absoluta a él como Hijo de Dios. Esa pretensión de divinidad es demasiado amarga de tragar para los que están saturados de importancia propia. Y el yo es lo primero que Cristo nos ordena abandonar.

Nazaret vio a Jesús como un hijo de ellos, confinado a una localidad geográfica e histórica. Pero Jesús no puede ser confinado de ese modo. Él es el Creador del mundo y el Señor de la historia. Y, lo que es más, siempre debemos comprenderlo como la revelación propia de Dios a una humanidad pecadora. Él es Emanuel: Dios con nosotros (Mateo 1:23).

Considera: ¿Por qué la indiferencia hacia Jesús significa negación y rechazo?

II. Admiración

La admiración a Cristo como un gran hombre, una autoridad moral imponente, un maestro sin par, un gran profeta, ha sido el veredicto común de la historia. Los discípulos mismos respondieron la pregunta de Cristo refiriéndose a lo que otros decían acerca de él: que él era Juan el Bautista, Elías, Jeremías, o uno de los profetas (Mateo 16:14). Cada uno ofrecía un reconocimiento de dignidad y autoridad. Cada uno era un símbolo de valor moral y espiritual contra el mal de su tiempo. Cristo es más grande que ellos. No obstante, ¿quién definió alguna vez la ética, o la vivió, como lo hizo Jesús? ¿Quién enseñó la magnificencia del amor como Jesús en la parábola del buen samaritano, o del hijo perdido? ¿Quién, en el drama sin fin de la historia del mundo, habló y ejemplificó un reino de gracia como él?

Sí, Jesús es una persona sin igual. Él es digno de toda admiración. Pero esa no es la respuesta que Cristo espera. Él demanda una respuesta u otra: O él es Dios o no lo es.

Considera: ¿Por qué la admiración a Jesús –como un buen hombre, un maestro notable, o un mártir– no es una respuesta aceptable?

III. Aceptación

La respuesta de quién es Jesús varía. Sin embargo, por loables que sean tales respuestas, Cristo no está interesado en la adoración o la adulación. Lo que otros dicen no importa. La decisión individual no debe estar coloreada por una psicología de masas o la percepción de otra persona. La demanda de Jesús es personal e íntima: “¿Qué dices tú, como persona?” A esta pregunta específica vino la respuesta profunda de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. La confesión de Pedro acepta inequívocamente que Cristo es Dios, y que él es el Mesías. Esta confesión cristológica (Mateo 16:16) no puede proceder del descubrimiento humano, y Jesús fue el primero en señalarlo: “No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17, 18).

Para conocer a Cristo debemos volvernos a la revelación de Dios. Solo los que aceptan su Palabra revelada y la operación del Espíritu Santo podrán decir que Cristo es ‘Señor mío, y Dios mío’ (Juan 20:28), o con Pablo: “Dios […] bendito por los siglos” (Romanos 9:5). Tal confesión es el resultado de no conocer acerca de Cristo, sino conocerlo a él: en persona, con una aceptación fiel y una obediencia leal.

Considera: ¿Por qué el ministerio de Cristo a menudo involucra situaciones de relación uno a uno (Mateo 19:16-23; Lucas 18:35-42; 19:1-10; Juan 1:43-49; 3:7; 4:21-24; 5:5-9)?

Paso 3 ¡Practica!

Preguntas para reflexionar:

1. “Nunca puede la humanidad de por sí alcanzar un conocimiento de lo divino” ( El Deseado de todas las gentes , p. 380). ¿Por qué?

2. ¿Cuál fue el motivo de Satanás en cada una de las tres tentaciones que él usó contra Cristo (Mateo 4:1-11)? ¿Por qué fue necesario que Cristo nunca tuviera dudas de su calidad de Hijo de Dios? ¿Por qué es necesario que nosotros lo aceptemos como la autorrevelación de Dios?

Preguntas de aplicación:

1. “Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:23). ¿Qué significa Cristo como “Emanuel” en tu vida, en diversos aspectos: mental, físico, social, comunitario, y espiritual?

2. Cada religión tiene un mensaje básico que viene desde una persona importante: el judaísmo, de Moisés; el Islam, de Mahoma, el budismo, de Buda; el hinduismo, de Krishna. Pero, en el cristianismo, no es meramente el mensaje de Jesús lo importante, sino Jesús mismo. Comienza con él, y luego examina lo que él dijo e hizo. ¿Por qué la persona de Jesús es tan importante?

Paso 4 ¡Aplica!

SOLO PARA LOS MAESTROS: Esta semana aprendimos que Jesús es más que un gran hombre: es un maravilloso maestro y un profundo profeta. Él es el Hijo de Dios. Anima a tu clase a compartir lo que ellos pueden hacer con esta gran verdad.

Preguntas de aplicación:

  1. Jesús es el Hijo de Dios y a menudo habló de Dios como su Padre. Jesús también nos enseñó a dirigirnos a Dios como nuestro Padre. ¿Hay alguna diferencia entre su afirmación y nuestra oración? Si la hay, ¿de qué modo esa diferencia afecta nuestra relación con la Trinidad?
  2. Como Hijo, Cristo vino para revelar al Padre (Juan 14:9), para glorificarlo (Juan 14:13) y para hacer las obras de Dios (Juan 4:34; 10:32). ¿De qué modo el ser hijos de Dios impacta nuestra vida práctica?

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