Leccion de Escuela Sabatica (2008-4) Leccion 10


La expiación en la cruz

Lección 10

Para el 6 de diciembre de 2008

Sábado 29 de noviembre Audio
Lea Comentario EGW

Lee Para el Estudio de esta Semana: Mateo 26:37, 38; 27:46; Marcos 14:33, 34; Lucas 22:40-44; Juan 19:28-30.

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Col. 1:13, 14).

Pensamiento Clave: Describir la experiencia de Jesús en el Getsemaní y sobre la cruz, a fin de comprender mejor el significado de su muerte expiatoria..

Un hombre le hizo juicio a una empresa de comidas rápidas, reclamando que su obesidad y los problemas de salud que lo acompañaban resultaron de las cuatro a cinco comidas por semana que consumía en el restaurante de comidas rápidas. ¡Le echaba la culpa a la compañía, no a sí mismo, por sus problemas!
Todos tendemos a ser así, al echar la culpa a otros por nuestras equivocaciones. Pero Dios no acepta excusas; él considera que cada uno es responsable por sus pecados. Sin embargo, aquí es donde comienza a aparecer el misterio de la expiación en toda su belleza. Si asumimos la responsabilidad por nuestros pecados, y tenemos fe verdadera en Jesús, Dios está dispuesto a perdonarnos esos pecados. Cuando reconocemos nuestra responsabilidad, somos liberados de la penalidad de nuestra rebelión. ¿Qué ocurrió con esa pena? Dios no la pasó por alto. No, en lugar de eso, él permitió que cayera sobre Jesús, y la experiencia de Cristo al recibir ese castigo será nuestro tema en esta semana

Domingo 30 de noviembre – Audio
Lea Comentario EGW

Angustia, en Camino al Getsemaní.

Lee Mateo 26:37, 38; ( Lea CBA ) y Marcos 14:33 y 34. ¿Qué estaba experimentando Jesús aquí, en el Getsemaní?

Jesús sabía exactamente lo que tendría que afrontar durante las próximas horas. La experiencia fue sumamente dolorosa y perturbadora. En el momento en que llegó a Getsemaní ya no pudo contener más sus emociones, y comenzó a compartirlas con Pedro, Santiago y Juan (Mat. 26:37, 38; Mar. 14:33, 34). El lenguaje que él usó es muy importante.

“Comenzó a entristecerse y a angustiarse” (Mar. 14:33). El verbo griego ekthambéo, traducido “entristecerse”, designa una condición altamente emocional de profunda excitación causada por algo que lo dejaba perplejo, asombrado o desorientado. A menudo está acompañada por temor, aun terror y temblores. Mateo usa el verbo lupéo, traducido igual que en Marcos, para designar un alto nivel de angustia, tristeza y ansiedad emocional (Mat. 26:38). El segundo verbo en Marcos 14:33, angustiado (en griego, ademonéo), expresa más claramente ansiedad, angustia y horror. La condición emocional y física de Jesús estaba alcanzando nuevas profundidades desconocidas de incomodidad y trastorno. La paz que lo caracterizaba parecía estar desapareciendo; el temor, el temblor y la ansiedad lo estaban cubriendo. Nota que Marcos dice que Jesús “comenzó” a sentirse de esa manera al llegar al Getsemaní. Este trastorno emocional llegaría a ser peor todavía.

Además, aunque no se da ninguna razón específica para la condición emocional y física de Jesús, a la luz del Nuevo Testamento podemos llegar a la conclusión de que fue el resultado de soportar el pecado del mundo, no el temor de lo que los seres humanos pudieran hacerle.

“Es tal la angustia que me invade que me siento morir” (Mar. 14:34, NVI). Esta es la manera en que Jesús mismo describe su condición a sus discípulos. “Mi alma” (versión Reina-Valera 1960)podría ser entendida como una expresión enfática: “Yo, yo mismo”, o una que designa la naturaleza ampliamente abarcadora de su experiencia. La expresión “comenzó a entristecerse” es la traducción de la palabra griega perilúpos, que generalmente designa una tristeza o una aflicción sin medida, por su intensidad y profundidad. En este caso específico, la intensidad de esa tristeza estaba llevando a Jesús a los bordes de la segunda muerte. Ya estaba comenzando a sufrir la suerte que debió ser la nuestra.

Considera el sufrimiento de Jesús aquí, y piensa que eso debía pasarte a ti, no a él. ¿De qué modo te hace sentir esto? ¿Cómo deberían traducirse estos sentimientos en una vida cambiada?

Lunes 1 diciembre – Audio

La Copa, Sumisión Voluntaria.

Lee la oración de Jesús en el Getsemaní (Mat. 26:39-42; ( Lea CBA ) Mar. 14:35, 36; Luc. 22:40-44). ¿Cuál es la esencia de la oración? ¿Qué elemento principal se destaca en ella con respecto a la actitud de Jesús hacia lo que estaba por afrontar?

Mientras estuvo en el huerto, Jesús usó la metáfora de la copa para ayudarnos a comprender sus sentimientos íntimos. La copa se usa, en la Biblia, para designar bendiciones recibidas de Dios (Sal. 16:5; 23:5), o la salvación que él nos ofrece (Sal. 116:13). Pero, más a menudo se refiere al juicio de Dios contra el pecado y los pecadores (Sal. 75:8). Esta copa contiene el vino de la ira de Dios contra sus enemigos, su ira judicial (Jer. 25:15, 16). A esta copa se refería Jesús cuando le pidió al Padre que le fuera quitada, si era posible (Mat. 26:39; Mar. 14:36). Él estaba experimentando la soledad, el abandono de los discípulos y, especialmente, el abandono de Dios. Él procuró la compañía y el apoyo de los discípulos, pero no los consiguió. Y ahora, completamente solo, le pidió al Padre que no lo abandonara. La respuesta que recibió desde la oscuridad del silencio divino fue: “No hay otra forma de salvar a la raza humana”. Jesús voluntariamente aceptó la voluntad del Padre.

Cuando la turba vino para prenderlo, Pedro trató de protegerlo. ¿De qué modo las palabras de Jesús a Pedro (Juan 18:11) nos ayudan a comprender mejor la disposición de Cristo a sufrir por nosotros?

Jesús vino a este planeta para morir: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45). Por definición, Dios no puede morir, pero a fin de que él aceptara nuestro pecado y su castigo llegó a ser humano, una criatura, y las criaturas no tienen vida en sí mismas; pueden morir. En el Getsemaní, Jesús estaba listo para morir, para entregar su vida en favor de pecadores, no merecedores, en todas partes.

¿Cuándo fue la última vez que te permitiste, con toda intención, soportar un gran sufrimiento, solo en beneficio de otra persona y sin ninguna ganancia personal para ti mismo? ¿Qué puedes aprender acerca de ti mismo a partir de tu respuesta? Y ¿qué puedes aprender acerca de Jesús también a partir de tu respuesta?

Martes 2 diciembre Audio
Lea Comentario EGW

Oscuridad, Entregado al Enemigo.

En el Getsemaní, y ahora en los eventos que conducen a la cruz, Jesús afrontó como nunca antes las fuerzas del mal. La lucha contra los poderes satánicos había de alcanzar dimensiones indescriptibles, probando al Salvador hasta el mismo centro de su ser.

Entre los ultrajes, “el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores” (Mat. 26:45). El verbo entregado (en griego, paradídomi, “entregar”) se usa varias veces para describir lo que había de sucederle a Jesús. Aquí, el contexto sugiere que Judas es quien lo entregó; pero, detrás de la malvada y voluntaria decisión de Judas, el plan divino se estaba cumpliendo misteriosamente. Fue Dios quien hizo que Jesús fuera “entregado a la muerte por nuestros pecados” (Rom. 4:25, NVI). Pero Cristo también se dio a sí mismo por nosotros, como se ve en Gálatas 2:20 y en Efesios 5:2, referencias claras a su muerte en sacrificio sobre la cruz.

De acuerdo con Mateo 26:45 y 46, Jesús fue entregado en manos de pecadores. El verbo expresa la idea de una transferencia de la posesión de uno a otro. De hecho, ya “la luz de Dios estaba desapareciendo de su visión, y estaba siendo entregado en las manos de los poderes de las tinieblas”.–E. G. de White (BE&ST, 1º de agosto de 1892). Ahora sería entregado totalmente en las manos de los pecadores; es decir, en las manos de los poderes del mal. Para él, esta era la hora “cuando reinan las tinieblas” (Luc. 22:53, NVI), cuando había de experimentar la separación total del amor del Padre. Cristo estaba entrando en el reino de las tinieblas por sí mismo; y, no obstante, fue allí, en ese reino, donde él derrotaría al Malo de una vez para siempre. Como el Dios encarnado en carne humana, él venció el reino de Satanás.

¿De qué modo describe Jesús su victoria sobre el poder de las tinieblas? Luc. 11:20-22.

Lucas dice que Jesús estaba afrontando la hora del dominio de las tinieblas (Luc. 22:53), y Pablo añade que Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Col. 1:13, 14). Cristo entró al ámbito de las tinieblas y experimentó lo que nosotros debíamos experimentar, y lo hizo para librarnos del poder de Satanás (Hech. 26:18). Mientras estuvo allí, “desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal” (Col. 2:15, NVI).

¿De qué modo nuestro conocimiento de la victoria de Cristo sobre las fuerzas del mal nos anima en nuestras luchas diarias en medio del gran conflicto? ¿Qué significa realmente, para nosotros, esta victoria? ¿Cómo podemos disponer de esa victoria en nuestras vidas?

Miércoles 3 de diciembre Audio

El Clamor, Exploremos el Misterio.

En la cruz, Jesús estaba sufriendo intensamente. Pero también el Padre sufría. Dios estaba en Cristo; en consecuencia, “el Dios Omnipotente sufrió con su Hijo” (AO 221). Hasta se podría decir: “Dios mismo fue crucificado con Cristo; porque Cristo era uno con el Padre” (ST, 26 de marzo de 1894). ¿Cuál fue la naturaleza del sufrimiento experimentado por la Deidad, que hizo que Cristo preguntara: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat. 27:46)? ( Lea CBA )

¿De qué modo comprendes el clamor de Jesús en ese versículo?

Sobre la cruz, Dios experimentó algo que nunca antes había experimentado: el castigo por el pecado. “Fue necesario que una terrible oscuridad envolviera su alma debido a que le fueron retirados el amor y el favor del Padre, porque ocupaba el lugar del pecador […]. El Justo tuvo que sufrir la condenación y la ira de Dios no como si fuera un castigo, pues el corazón de Dios sufrió con intensísimo dolor cuando su Hijo –sin pecado alguno– estaba sufriendo el castigo del pecado. Esta separación de los poderes divinos nunca más volverá a ocurrir en todos los siglos venideros”.–“Comentarios de Elena G. de White” (7 CBA 935, 936).

Esta declaración indica, primero, que el Padre retiró su amor del Hijo no porque no lo amara sino porque Jesús estaba muriendo en nuestro lugar. ¡No había nadie disponible para mediar el amor de Dios a su Hijo! Segundo, no había espíritu de venganza en el corazón del Padre cuando su Hijo estaba muriendo por los pecados del mundo. Él no se regocijó en la muerte de su Hijo, sino que sufría con él. Tercero, el verdadero castigo que Dios pagó por nuestros pecados fue “la separación de los poderes divinos”. Elena de White está llevándonos al misterio de la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, describiéndonos lo que ocurrió con la Deidad mientras Jesús estuvo sobre la cruz. El verbo separar significa “quebrar o forzar aparte”. Lo que debía mantenerse unido fue separado.

En resumen, mediante el sacrificio de Cristo, la Deidad estaba aceptando la responsabilidad de los pecados del mundo y, más aún, estaba sufriendo las consecuencias de estos pecados. ¿Podría ser que la Deidad, que no puede morir, sintió de una manera singular –mediante la separación temporaria de los poderes divinos– la plena intensidad de la muerte eterna de la raza caída, mediante la exclusión temporaria del Hijo de la unidad con ella? El plan de salvación, la expiación, separó a la Trinidad, pero solo momentáneamente. Esta experiencia de “dolor” extremo dentro de la Deidad ocurrió solo una vez, y nunca más sucederá. Ese es el costo de nuestra salvación.

Jueves 4 de diciembre – Audio

Consumado es, de la Muerte a la Vida.

Describe las últimas experiencias de Jesús antes de morir (Juan 19:28-30). ( Lea CBA ) ¿Qué quiso decir Jesús cuando exclamó: “Consumado es”? ¿Qué se había consumado o concluido?

Aunque el enemigo, Satanás, junto con algunos de sus líderes, dirigió la muerte de Cristo, en el momento culminante Jesús entregó su vida voluntariamente al Padre: “Y habiendo inclinado la cabeza, entregó su espíritu” (Juan 19:30). El lenguaje sugiere que él se fue al descanso confiando en la bondad, la benevolencia y el amor del Padre. Él les había dicho a los discípulos: “Yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:17, 18). Ahora, cuando llegó el momento apropiado, él hizo precisamente eso.

“Consumado es” (“Todo se ha cumplido”, NVI) significaba que el sacrificio expiatorio perfecto había sido ofrecido de una vez para siempre, y que el cielo y la tierra se habían vuelto a conectar por ese medio. El plan de salvación, mantenido en secreto por siglos, ahora quedaba plenamente revelado al universo en la muerte obediente del Hijo de Dios sobre la cruz. Dios había provisto el sacrificio, y ahora su poder expiatorio estaba disponible para todo ser humano que mirara a la Cruz como el camino exclusivo de salvación. En consecuencia, el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento concluyó. En el momento en que Jesús murió, el velo del Templo se rasgó, de arriba abajo (Mat. 27:51; Mar. 15:38), indicando que la presencia de Dios y su accesibilidad para nosotros estaban ahora ubicadas en el sacrificio y la persona de su amado Hijo.

“Consumado es” fue una exclamación triunfante. Él vino para derrotar a Satanás, y lo realizó en la debilidad de la carne humana y en medio de una confrontación mortal (Heb. 2:14). La destrucción definitiva de Satanás y de sus ángeles fue fijada en la Cruz.

Esta victoria fue revelada y sellada mediante su resurrección, cuando las fuerzas del mal fueron incapaces de retener al Hijo de Dios dentro de la tumba. En el glorioso domingo de mañana, las palabras de Jesús se cumplieron: “Tengo poder para ponerla [mi vida], y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:18). Jesús es “el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apoc. 1:18).

¿Qué esperanza nos ofrece el hecho de que Cristo concluyó su obra en la cruz? ¿Qué nos dice acerca de descansar en él y en sus obras en nuestro favor? ¿De qué modo esta realidad se debería expresar en nuestras vidas y conducta?

Viernes 5 de diciembre Audio

Para Estudiar y Meditar:

“No corresponde al hombre ser portador de pecados, y nunca conocerá el horror de la maldición del pecado que llevó el Salvador. Ningún dolor puede compararse de manera alguna con el dolor de Aquel sobre quien cayó la ira de Dios con fuerza abrumadora. La naturaleza humana sólo puede soportar hasta cierto límite la prueba y la aflicción; el hombre finito sólo puede llevar sobre sí una medida limitada de sufrimientos, y la naturaleza humana sucumbe. Pero la naturaleza de Cristo tenía una capacidad mayor para sufrir, pues lo humano existía dentro de la naturaleza divina, y así se creaba una capacidad para sufrir y soportar el resultado de los pecados de un mundo perdido. La agonía que sufrió Cristo amplía, profundiza y da un concepto más vasto del carácter del pecado y de la naturaleza del castigo que Dios hará descender sobre los que continúan en el pecado. ‘La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús’ para el pecador arrepentido y creyente”.–“Comentarios de Elena G. de White” (5 CBA 1.078).

Preguntas Para Dialogar:

  1. Lee cuidadosamente la cita transcrita arriba, de Elena de White. En esencia, ella está diciendo que nada que alguno de nosotros haya sufrido, como criaturas finitas, puede igualarse al sufrimiento del Hijo de Dios en la cruz. ¿Qué nos enseña esto acerca de lo que costó a Dios el pecado? ¿De qué modo esta idea, de que el sufrimiento de Cristo fue peor que cualquier cosa que podamos afrontar, nos ayuda a comprender de qué modo puede existir el sufrimiento en un mundo creado por un Dios amante? ¿Qué consuelo puedes obtener de saber que Dios ha sufrido más por el pecado de lo que cualquiera de nosotros alguna vez tuvo o tendrá que sufrir?
  2. Medita en la sección del miércoles, sobre la idea de una separación temporal en la Deidad. ¿Qué puedes tomar de allí que puede ayudarte a comprender la profundidad de la expiación? ¿De qué modo esa experiencia de la Deidad fue “el castigo” de nuestro pecado? Analiza tu respuesta en la clase, el sábado.
  3. ¿Qué significa darte abnegadamente por otros? ¿Qué ejemplos de la vida diaria puedes encontrar de este principio en acción? ¿De qué modo, tanto como personas y como iglesias, podemos manifestar mejor esa manera abnegada de dar?

Resumen: En la cruz, Jesús experimentó la plenitud de la separación de Dios que sufrirá el pecador. Dios mismo estaba en Cristo pagando el castigo del pecado, expiando nuestros pecados.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: