BENEFICIOS DEL SACRIFICIO EXPIATORIO DE CRISTO


BENEFICIOS DEL SACRIFICIO EXPIATORIO DE CRISTO

“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25)

INTRODUCCION

La irrevocabilidad de la cruz no se ve amenazada por la obra indispensable de la mediación de Cristo por nosotros en el Templo celestial. Sin él, la infinita riqueza de la gracia no estaría a nuestra disposición como un don de Dios. Los creyentes reciben la plenitud del poder redentor de la Cruz mediante la mediación de Cristo. Todos los beneficios de la Cruz están a nuestra disposición mediante la fe en su sacrificio expiatorio.

La muerte de Cristo tiene poder expiatorio o perdonador por la resurrección del Señor. La Cruz y la resurrección son dos partes inseparables de una obra de redención en el plan de salvación. Jesús llevó al cielo nuestra naturaleza humana glorificada, abriendo así los portales del cielo a la raza humana. Su resurrección y ascensión significan:

1. Terminó la obra que vino a hacer a la tierra.

2. Unió en forma permanente con Dios a quienes pongan su fe en su muerte expiatoria.

3. Testifica que la derrota de los poderes del mal en la cruz fue final.

I. LA MEDIACIÓN DE CRISTO

“Mediador”

heb. una forma de lîts, “ser un portavoz”; gr. mesít’s [de mésos (“medio”) + eimí (“ir”); así, “mediador”, “árbitro”], literalmente “un intermediario”.

Alguien, un tercero, que actúa entre dos que están en disputa con miras a efectuar una reconciliación o acuerdo, ya sea por lograr armonizar los puntos de vista o intereses divergentes, o por establecer un acuerdo que ambos puedan aceptar.  El término aparece una vez en el AT (Job 33:23, BJ, RVR; “intérprete” en la LPD), donde se sugiere la idea de un portavoz.  El NT presenta a Jesús como el “solo mediador entre Dios y los hombres” (1 Timoteo 2:5).  Representa a Dios ante los hombres, y a los hombres ante Dios con el fin de salvar al hombre.  Esto requiere que el así designado tenga una relación íntima con ambas partes, y para esto debe poseer la naturaleza y los atributos de ambos; es decir, la divinidad y la humanidad.  Jesucristo es el único que es capaz de cumplir este papel singular: como Dios, puede representar correctamente a la 765 Deidad; como hombre, puede ministrar con simpatía en su favor.  Pareciera que en He. 8:6; 9:15; 12:24 mesít’s se usa en el sentido de uno que actúa como garante.  En esta relación particular, se presenta a Jesucristo como el “garante” del “mejor pacto”, es decir, del “nuevo pacto”.

Hay diferencia de opinión entre los comentadores acerca de si mesít’s en Gá. 3:19, 20 atañe a Moisés (la mayoría de los exégetas modernos) o a Jesucristo (Orígenes, Agustín, la mayoría de los Padres, Calvino).  La referencia de Pablo es al que hizo de mediador cuando el cuerpo de leyes fue dado a Israel en el Sinaí.  En contraste, no había mediador cuando se dio la promesa a Abrahán.  Todas las obligaciones fueron asumidas por Dios.

La muerte y la resurrección de Cristo han hecho posible la mediación de Cristo ante el Padre. La mediación de Cristo significa que el pecado y la culpa de los hombres no son irrelevantes ante el Señor del cielo. Es solo mediante la obra de Cristo por nosotros que recibimos los beneficios de su muerte como sacrificio. La culpa y el pecado siguen siendo partes de la experiencia humana a la vista de Dios. Esto hace que el lugar del Mediador ante el Padre sea un elemento indispensable en el plan de salvación.

Todavía estamos viviendo dentro de la historia de la salvación, entre su ascensión y su retorno. El tiempo entre estos dos eventos está lleno de su mediación y del cumplimiento de las profecías.

Su mediación tiene su raíz en la Cruz. Esta mediación no es un suplemento al Calvario sino que es el desarrollo del significado y la importancia del poder perdonador de Dios, una revelación de la profundidad y el permanente poder expiatorio de su muerte, como sacrificio. Está ahora obrando como Rey y Sacerdote en el Santuario celestial.

El movimiento de la humillación a la exaltación indica un desarrollo adicional de su obra como Redentor. Esto no afecta la conclusión de su muerte como sacrificio expiatorio (Heb. 10:12) sino que más bien, revela más beneficios que provienen de ella.

II. BENEFICIOS DE LA MEDIACION DE CRISTO

En la cruz Cristo obtuvo la expiación para todos, por medio de su obra como Mediador en el plan de salvación en el Santuario celestial, él está aplicando los beneficios de la Cruz a quienes creen en él. Sin la mediación de Cristo en el Santuario celestial, la efectividad expiatoria y el poder de la Cruz no estarían disponibles para los pecadores.

1. Conservación de la vida

Si hay un elemento específico de la creación de Dios que el pecado amenaza en forma directa es el misterioso fenómeno de la vida sobre nuestro planeta. Por su amor, Dios decidió conservar la vida que él creó, a pesar de su contaminación con el pecado. Pablo dice: “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28).

“…el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3)

“Sustenta.”

Gr. féro, “dirigir”, “llevar”, “sostener”.  Puede añadirse el significado de movimiento, propósito, conducción, de proceder con una intención definidaCristo es el que sostiene todas las cosas en todo el universo y el que mantiene a los cuerpos celestes en sus órbitas prefijadas.  Compárese con la oración “todas las cosas en él subsisten”.  Féro es más abarcante que “subsistir” o “consistir”, pues abarca el concepto de una acción deliberada, llena de propósito. Esta definición cambia el concepto de un poder que sólo sostiene el universo físico, por el de un Ser inteligente que tiene un plan y se halla en el proceso de llevarlo a cabo.

“…todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1: 17)

“Subsisten”

Gr. suníst’mi, “mantenerse juntos” o “tener coherencia”.  “Y todo tiene en él su consistencia” (BJ).  “Y todas las cosas tienen en él su consistencia” (BC).  La flexión del verbo griego pone el énfasis en el continuo mantenimiento de una organización original.  El poder que mantiene con precisión matemática los inmensos astros del universo en sus órbitas señaladas, el poder que sostiene las partículas del átomo en sus órbitas predeterminadas, es el mismo.  Todas las cosas existen por el poder de Cristo.  No sólo las creó, también las sostiene en cada momento.

2. Obra intercesora

Cristo comenzó su obra intercesora inmediatamente después de su entronización, y este evento tuvo un impacto directo en la iglesia. Jesús prometió a los discípulos que él pediría al Padre otro Consolador (Juan 14:16, 17), y en Pentecostés Pedro interpretó el derramamiento del Espíritu Santo como indicador de que Cristo había comenzado su obra intercesora en favor de los que creían en Cristo (Hechos 2:33).

“El Salvador presenta la virtud de su mediación ante el Padre, y se compromete con la tarea de Intercesor personal. Al proclamarse como nuestro Intercesor, él desea que sepamos que él pone en el incensario de oro sus méritos y eficiencia, para que pueda ofrecerlas junto con las oraciones sinceras de su pueblo…” E. G. de White, Manuscript Releases, t. 7, p. 166.

La intercesión de Cristo por el hombre en el Santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la cruz… De los defectos de carácter se vale Satanás para intentar dominar toda la mente, y sabe muy bien que si se conservan estos defectos, lo logrará. De ahí que trate constantemente de engañar a los discípulos de Cristo con su fatal sofisma de que les es imposible vencer. Pero Jesús aboga en su favor con sus manos heridas, su cuerpo quebrantado, y declara a todos los que quieran seguirle: “Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9)… Nadie considere, pues, sus defectos como incurables. Dios concederá fe y gracia para vencerlos” (La maravillosa gracia de Dios, pág. 69).

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. (1 Juan 2:1, 2)

“No pequéis”

El tiempo del verbo griego muestra que Juan aquí habla de caer en el pecado, de cometer pecados específicos.  El quería que sus lectores evitaran cometer aun un solo acto de pecado.

“Si alguno hubiere pecado”

Es decir, que haya caído en pecado o cometido un acto pecaminoso.  Aunque la meta del cristiano es no pecar, Juan reconoce la posibilidad de que un sincero cristiano cometa un pecado.  Lo hace no porque tolera el pecado, sino para presentar a Aquel que puede salvar al cristiano del pecado en que pudiera haber caído.

“Abogado”

Gr. parákl’tos.  Sólo Juan usa esta palabra en el NT.  En el Evangelio se refiere al Espíritu Santo (Juan 14: 16, 26; 15: 26; 16: 7).  “Abogado” se refiere, por la propia identificación de Juan, al Hijo en su obra de salvación; pero es claro que el autor considera que tanto el Hijo como el Espíritu llevan a cabo la obra de parákl’tos.  “Mediador” o “intercesor” hubiera sido una mejor traducción.

“Tenemos”

Juan se incluye de nuevo entre sus lectores, quizá para destacar que Cristo se ha convertido en el abogado (intercesor) de todos los cristianos.

“Para con el Padre”

“Para con” es una traducción de pros, la misma palabra griega usada antes (cap.1: 2) y en Juan 1: 1-2. Indica la relación íntima entre el Abogado y el Padre: el Mediador se halla en la misma presencia de Dios y es igual a él (Juan 1: 1; Heb. 7: 25).

“El justo”

Gr. díkaios. Cristo continúa siendo justo después de haber sido “tentado en todo según nuestra semejanza” (Heb. 2: 18; 4: 15; 7: 26), y por esta razón se halla capacitado para ser nuestro Sumo Sacerdote y Abogado.  Si hubiese pecado no podría presentarse ante el Padre; si no hubiera sufrido las tentaciones, no podría ser nuestro verdadero representante.

3. Somos justificados

Como resultado de esa obra de mediación, “los hijos de Cristo, que trabajan y luchan en la tierra [sus discípulos], son ‘aceptos en el Amado’ (Efesios 1:6). Delante de los ángeles celestiales y los representantes de los mundos que no cayeron, son declarados justificados” (DTG 774).

Desde la perspectiva adventista, la “gracia común” es la disposición bondadosa de Dios manifestada hacia los pecadores al conservarles la vida sobre el planeta y a la obra del Espíritu en el corazón humano que nos llama al arrepentimiento, la confesión y la conversión.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8)

Convencerá”

Gr. elégjÇ, “convencer”, “demostrar la culpabilidad”.  Por eso se ha traducido “convictos por la ley como transgresores” (Santiago 2: 9).  Los diferentes matices de significado de elégjÇ se ponen de manifiesto en las diversas formas en que se ha traducido ese verbo griego en la RVR.  Con alguna forma verbal de “reprender” en Lucas 3: 19; Efesios 5: 11; 1 Timoteo 5: 20; Tito 1: 13; Hebreos 12: 5; 1023 Apocalipsis 3: 19.  Como “redargüir” en Juan 8: 46; 2 Timoteo 4: 2.  Como “convencer” en 1 Corintios 14: 24; Tito 1: 9.  Como “acusar” en Juan 8: 9 y “poner en evidencia” en Efesios 5: 13.

“De pecado”

El día de Pentecostés, la ocasión cuando fue prodigado el don del Espíritu, hubo una notable manifestación de este aspecto de la obra del Espíritu.  Los que escucharon la exhortación de Pedro, “se compungieron de corazón” (Hechos 2: 37).  Una de las primeras evidencias de que está obrando el Espíritu Santo es la profunda convicción de que somos pecadores.

“De justicia”

El Espíritu no sólo pone de manifiesto el pecado; también hace que se vea cuál es la verdadera rectitud.  Estimula a los hombres a que acepten la justicia de Cristo, tanto la imputada (Romanos 10: 3-10) como la impartida (Gálatas 2: 20; Filipeneses 2: 13).

“De juicio”

Jesús también advirtió a los hombres acerca del juicio venidero (Mateo 5: 21-22; 10: 15; 11: 22, 24; 12: 36). Nadie puede escapar del juicio pues es tan seguro como la muerte (Hechos 9: 27).  Aunque el temor al castigo no debiera ser el motivo principal para proceder rectamente, sin embargo, es un instrumento poderoso para despertar las mentes entenebrecidas por el pecado, y se recurre a ese juicio frecuentemente y con toda razón (Marcos 9: 43-48; Apocalipsis 14: 9-11; Juan 16: 11).

De modo que el Espíritu hace que los hombres reconozcan sus pecados, les señala la salvación y la justicia que hay en Jesús, y los amonesta de las consecuencias de continuar en sus pecados y de descuidar la salvación que se les ofrece gratuitamente

4. Somos santificados

La “gracia santificadora” se considera generalmente como la obra del Espíritu sobre el corazón de la persona que aceptó a Cristo como su Salvador. “En el don incomparable de su Hijo, Dios ha rodeado al mundo entero de una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que escojan respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús” (CC 67)

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16)

“Consolador”

Gr. parákletos, palabra que únicamente Juan usa en el NT (aquí; Juan 14: 26; 15: 26; 16: 7; 1 Juan 2: 1).  Está compuesta de la preposición “pará”, que significa “al lado” y el participio “kletós”, “llamado” o “uno que es llamado”, por lo que el significado literal es “uno llamado al lado de”.  Sin embargo, la forma en que se usa esa palabra en las Escrituras parece reflejar más un sentido activo, que corresponde con el verbo parákaléÇs, “exhortar”, “consolar”. Por ende, “uno que exhorta” (Juan 16: 8).  Los padres latinos tradujeron parákl’tos con la palabra advocatus, pero su sentido literal de “abogado” o “defensor” sólo se aplica a unas pocas de las escasas menciones de la palabra en la literatura anterior al cristianismo y en la no cristiana. La palabra “abogado” no es enteramente apropiada para describir la obra ni del Espíritu Santo ni de Cristo. El Padre y el Hijo obran en la más plena cooperación para la salvación del hombre.  La obra de Satanás es presentar al Padre como severo, duro y reacio a perdonar al pecador, y como dispuesto a perdonar sólo ante la intercesión del Hijo.  Es cierto que la encarnación, muerte y resurrección de Cristo hicieron posible el perdón; pero tanto el Padre como el Hijo aman al pecador y obran al unísono para su salvación. En el sentido humano del término, no se necesita un abogado para que induzca al Padre a que tenga misericordia del pecador.  El que desea conocer el amor y la compasión del Padre, tan sólo necesita mirar al Hijo.  En la literatura anterior al cristianismo y en la no cristiana, parákl’tos retiene el significado más general de “uno que se presenta en lugar de otro”, “un mediador”, “un intercesor”, “un ayudador”.

Aunque el verbo parakaléÇ se traduce como “consolar” 23 veces en el NT, también se traduce como “exhortar” 19 veces.  Llamar al Espíritu Santo “Consolador” es hacer resaltar sólo uno de los rasgos de su obra.  También es un “Exhortador”.  En realidad, este último significado es el rasgo prominente de la obra del Espíritu tal como la bosqueja Juan.  El enseñará” y “recordará todo” (cap. 14: 26).  Testificará de Cristo (cap. 15:26).  “Convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (cap. 16: 8).  “Guiará a toda la verdad” y hará “saber las cosas” venideras (16: 13).  Glorificará a Cristo y recibirá de él para impartir a los discípulos (16: 14).

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (Romanos 8:9)

“según el Espíritu”

Es decir, tenéis una inclinación espiritual y estáis bajo la dirección y la influencia del Espíritu Santo.

“Si es que”

La vida vieja en la carne sólo cesa cuando comienza la nueva vida en el Espíritu. El poder dominante de la carne sólo puede ser eliminado de la vida cuando se invita al Espíritu para que venga y ejerza un dominio completo.  Cuando el Espíritu realmente mora en lo interior, termina la vida según la carne.

Este versículo es una invitación al examen propio. Nuestra mente es espiritual y vivimos en el Espíritu “si es que” el Espíritu de Dios mora en nosotros. Podemos saber si el Espíritu mora en nosotros por la presencia o ausencia de sus frutos (Gál. 5: 22) en nuestra vida. La ausencia de sus frutos demuestra que aún estamos viviendo en la carne.

“Mora”

Esto es lo que indica la continua y permanente presencia del Espíritu, y no los arrebatos ocasionales de entusiasmo y fervor. En otros pasajes Pablo presenta al Espíritu Santo como morando en el corazón del cristiano (1 Corintios 3: 16; 6: 19). La expresión “en vosotros” denota la intimidad de la relación personal entre el creyente y el Espíritu. Implica una continua sumisión de la voluntad del cristiano a la voluntad de Dios.

CONCLUSION

Después de su resurrección y su ascensión, Cristo sigue su obra salvadora mediante la mediación en el Santuario celestial. Desde allí actúa como mediador de bendiciones materiales para los seres humanos y preserva la vida sobre el planeta. Como nuestro Mediador, él aplica los beneficios plenos de su expiación sobre la cruz a los que responden a la invitación del Espíritu para encontrar en él su Salvador.

Alfredo Padilla Chávez

Pastor IASD Puente Piedra “A”

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