Comentario leccion de escuela sabatica (2009-1) leccion 10


EL MENSAJE DE LOS PROFETAS

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16)

INTRODUCCION

Las doctrinas de nuestra iglesia están basadas exclusivamente en lo escrito por los profetas en la Biblia. No dependen de los escritos de Elena de White, por útil que ella haya sido para clarificar algunas de aquellas enseñanzas. A continuación veremos este marco doctrinal.

I.            LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE

El pecado es el mayor problema que afrontamos. El pecado destruye la felicidad y la paz mental. El pecado mata, y ninguna medicina moderna lo cura. Desde el momento en que nacemos, comenzamos a morir.

A.      El Problema: El pecado

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” Romanos 5:12

“Pecado”

Pablo comienza una personificación del pecado: “entró en el mundo”, “reinó para muerte” (vers. 21), produce la muerte (cap. 7: 13), tiene dominio sobre nosotros (cap. 6: 14), genera toda suerte de concupiscencias (cap. 7: 8), engaña y da muerte al pecador (cap. 7: 11). Compárese cap. 5: 12-13, 20-21 con vers. 15-18. Debido a la “desobediencia” de Adán el principio del “pecado” entró en el mundo. El “pecado” a su vez se convirtió en la fructífera raíz de innumerables “desobediencias”. En toda esta sección se hace una distinción entre “pecado” como el principio y esencia de la impiedad, y el acto concreto del pecado, o sea la “desobediencia”. Pablo usa en Rom. cap. 5 tres diferentes palabras para describir el mal que se opone a la voluntad de Dios: hamártema (vers. 12-13, 20-2l); paráptoma (15-18, 20); y parakoé (vers. 19). La primera siempre se traduce “pecado” en la RVR; la segunda, “transgresión”, y la tercera, “desobediencia”; pero la BJ la traduce “delito” (vers. 19). En otros cap. Pablo utiliza también hamártema, que significa un pecado específico, y no el pecado en general (Rom. 3: 25). También usa el sustantivo anomía, “lo que está fuera de la ley” o “ilegalidad”, que se traduce “iniquidad” (Rom. 4: 7; 6: 19; 2 Tes. 2: 7), pero que la BJ traduce “impiedad” y “maldad”. En 2 Cor. 6: 14 anomía ha sido traducida en la RVR como “injusticia”.

“Entró en el mundo”

Pablo representa al pecado como un intruso que viene de afuera y entra en el ámbito de la humanidad. El término “mundo” se usa con frecuencia para referirse a la raza humana (Rom. 3: 19; 11: 15; cf. Juan 3: 16-17). Pablo no se ocupa del origen del mal. El primer hombre violó la ley de Dios y en esa forma se introdujo el pecado entre los hombres.

“Por el pecado la muerte”

Antes de que entrara el pecado, Dios había advertido a Adán que la muerte sería el resultado del pecado (Gén. 2: 17); y después de que entró el pecado, Dios pronunció la sentencia: “Polvo eres, y al polvo volverás” (Gén. 3: 19). La Biblia habla de tres muertes: (1) La muerte espiritual (Efe. 2: 1; 1 Juan 3: 14); (2) la muerte transitoria, o sea la “primera muerte” que Jesús describe como un “sueño” (Juan 11: 11-14; Apoc. 2: 10; 12: 11); y (3) la muerte eterna, o sea “la segunda muerte” (Mat. 10: 28; Sant. 5: 20; Apoc. 2:11; 20: 6, 14; 21: 8). Se ha discutido mucho en cuanto a la clase de muerte que sobrevino por el pecado de Adán, y especialmente en cuanto a la clase de muerte que ha pasado a su posteridad (ver el com. de “la muerte pasó”). Gran parte de esta dificultad se debe a que por lo general se ha tergiversado el concepto que se tiene de la naturaleza de la muerte. Sin embargo, Pablo no parece preocuparse de esos problemas en este contexto, sino que sólo destaca el hecho histórico de que “el pecado entró en el mundo” por medio de Adán, y la muerte fue su consecuencia. Antes de la transgresión de Adán no había pecado ni muerte en este mundo; ambos se presentaron después. Por lo tanto, la transgresión de Adán fue la causa del pecado y de la muerte. El contraste importante radica entre la muerte como resultado del pecado de Adán, y la vida como resultado de la justicia de Cristo. El argumento de Pablo es que la dádiva de la vida y los beneficios que logró Cristo, son mucho mayores que los efectos del pecado de Adán. La nota tónica de este pasaje es: “sobreabundó la gracia” (Rom. 5: 20).

B.      La solución: Justificación por la Fe

La única cura es Jesucristo y la Cruz. “… La salvación es solamente por fe en Cristo Jesús” (FO 16).

“… la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia” Rom. 3:22

“Por medio de la fe en Jesucristo”

Gr. día písteos I’sóu Jristóu, “por fe de Jesucristo”, lo que podría entenderse también como “por fe en Jesús”. En Mar. 11: 22 el texto griego dice literalmente: “tened fe de Dios”, y la RVR traduce correctamente: “Tened fe en Dios”. Así también la “fe de [literalmente] su nombre” de Hech. 3: 16 se ha traducido “fe en su nombre”. Los santos son “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús” (ver Apoc. 14: 12); interpretado en TM 54 como “fe en Jesús”. Algunos han preferido entender que “fe de Jesús” significa aquí la fe que Jesús mismo albergó, su fidelidad, la santa vida que vivió y el carácter perfecto que alcanzó, que es dado gratuitamente a todos los que lo reciben (ver DTG 710). Además, la “fe” de Jesús incluía su fidelidad expresada en su muerte vicaria voluntaria (ver Rom. 3: 25-26; cf. Fil. 2: 8).

En cualquier forma en que se aplique la justificación, ambos aspectos son válidos. La “fe de Jesús” es la que hace posible que Dios “sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3: 26). La “fe en Jesús” es el instrumento a través del cual el individuo entra en posesión de las bendiciones de la justificación.

Sin embargo, la justificación no se recibe como una recompensa por nuestra fe en Cristo, sino que la fe es el medio de apropiarse de la justificación. Cuando el creyente en Jesús, con amor y gratitud, se entrega sin reservas a la misericordia y a la voluntad de Dios, la rectitud de la justificación le es imputada. Y a medida que continúa diariamente experimentando esta confianza, entrega y comunión, aumenta su fe, capacitándolo para recibir más y más de la justicia impartida o la santificación. La fe es, por así decirlo, la mano que el pecador extiende para recibir el “don [gratuito]” de la misericordia de Dios. Dios siempre está dispuesto a darnos este don, no como una recompensa por algo que hayamos hecho, sino sencillamente por su infinito amor. De nosotros depende que recibamos el don, y es recibido “por fe”.

C.      Peligros

  1. Legalismo

Enfatizan el cumplir las obras de la ley como medio de salvación, comúnmente son personas estrictas pegadas a la, letra del a ley y no al espíritu de la ley y a su Creador

  1. Gracia Barata

Enfatizan que no es necesaria la ley, explican que el amor no necesita obras de la ley, el amor supuesto que pregonan generalmente son emociones platónicas que no quieren un compromiso de derechos y deberes, de privilegios y responsabilidades; de querer y hacer. Su prédica es de querer y tener sin dar, en el fondo muestra un egocentrismo “solo quiero tu nombre, yo comeré mi propio pan”

El cristiano equilibrado tendrá la seguridad de la salvación en Jesús y tendrá una vida victoriosa en Cristo al mismo tiempo.

D.      Consideraciones:

1.     La Fe y Obras van juntas

1.1.             No en forma paralela (no un “al lado de”) sino en forma sucesiva (“lleva a”) (Ejemplos del bote donde los remos son la fe y la obras o la energía eléctrica con dos polos no ayudan mucho a ilustrar en “contenido de” pues muestran solo “la forma de”) Por ello recomendamos usar la ilustración del árbol donde el árbol (La Fe) tiene que llevar frutos “obras”. En este ejemplo hay un proceso de “sucesión” en contenido y forma.

1.2.             El uno (La Fe) produce… “lleva a” (Obras)

2.     Justificación y santificación es un todo

Es un proceso indivisible. A quienquiera que Dios justifica (Imputada), él también lo santifica (Impartida).

3.    No podemos tener lo uno sin lo otro.

Somos salvados por la fe sola, pero la fe que salva no está sola; siguen las buenas obras, aun cuando estas buenas obras sean hechas bajo la dirección del Espíritu Santo.

 

 

II.            EL SANTUARIO

Las ceremonias del Santuario proveyeron una demostración visual que capacitó a los pecadores para comprender el gran plan de salvación, todo fue gráficamente demostrado en las ceremonias diarias y las anuales del Santuario terrenal.

“Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos”  Hebreos 9:23

“Figuras”

Gr. hupodeigm. El tabernáculo del desierto y sus muebles eran una representación de las realidades celestiales que anticipaban la obra que haría nuestro gran Sumo Sacerdote por los pecadores.

“Mejores sacrificios”

El énfasis del pasaje es sobre la necesidad de una limpieza por medio de un sacrificio mejor, a saber: la sangre de Cristo. El se ha presentado “por nosotros ante Dios” (vers. 24). Vive “siempre para interceder ” por nosotros (cap. 7: 25). La razón por la que necesitamos que alguien se presente delante de Dios por nosotros e interceda por nosotros, es porque hemos pecado. Cristo “se presentó… por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (cap. 9: 26). Ahora está ofreciendo la eficacia de su expiación en favor del pecador. El resultado de esto es la limpieza de la conciencia del pecador (vers. 14). La palabra que se traduce “limpiará”, es una flexión del verbo katharízo, otra de cuyas flexiones se ha traducido “purificadas” (vers. 23). Cf. 1 Juan 1: 9, en donde katharízo se ha traducido como “limpiarnos”. De modo que Jesús, como ministro del verdadero tabernáculo, presentándose ante Dios por nosotros e intercediendo por nosotros, está llevando a cabo una obra de limpieza, limpieza que se aplica a los pecados de todos los que se arrepienten.

III.            EL SÁBADO

El sábado es una institución que viene antes que el pecado entrara en el mundo.

“… les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” Marcos 2:27

El sábado fue hecho “creado”, dado por un amante Creador para el bienestar de la humanidad. “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo” Génesis 2:2. El sábado es parte de la creación de Dios para beneficio del hombre

El propósito del sábado es recordarnos que el séptimo día es el descanso señalado por Dios para el hombre, y que ese reposo se remonta hasta el mismo comienzo de la historia humana y es una parte inseparable de la semana de la creación (Gén. 2: 1-3; PP 348). A esto hay que añadir que el hombre es parte de esta semana de la Creación, por lo tanto Dios es su Creador.

IV.            EL ESTADO DE LOS MUERTOS

A.        El hombre es mortal

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” Génesis 2:7

“Dios formó al hombre

La palabra “formar”, yatsar, implica el acto de moldear y dar una forma correspondiente en diseño y apariencia con el plan divino. Se usa esta palabra al describir la actividad del alfarero (Isa. 49: 5, etc.), del orfebre que confecciona ídolos (Isa. 44: 10; Hab. 2: 18) y de Dios que forma varias cosas, la luz entre otras (Isa. 45: 7), el ojo humano (Sal. 94: 9), el corazón (Sal. 33: 15) y las estaciones (Sal. 74: 17)

“Del polvo de la tierra

La ciencia confirma que el hombre está compuesto de materiales derivados del suelo, los elementos de la tierra. La descomposición del cuerpo humano después de la muerte, da testimonio del mismo hecho. Los principales elementos que constituyen el cuerpo humano son oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno. Existen muchos otros en proporciones menores. Cuán cierto es que el hombre fue hecho “del polvo de la tierra” y también que volverá “a la tierra” de donde fue tomado (Ecl. 12: 7).

“Aliento de vida”

Aliento”, neshamah. Proveniente de la Fuente de toda vida, el principio vitalizador entró en el cuerpo inerte de Adán. El instrumento por el cual la chispa de vida fue transferida a su cuerpo se dice que es el “aliento” de Dios

El mismo pensamiento aparece en Job 33: 4 “El soplo [neshamah] del Omnipotente me dio vida”. Impartido al hombre, el “aliento” es equivalente a su vida; es la vida misma (Isa. 2: 22). En la muerte, “no quedó en él aliento [neshamah, vida]” (1 Rey. 17: 17). Este “aliento de vida” en el hombre no difiere en nada del “aliento de vida” de los animales, pues todos reciben su vida de Dios 235 (Gén 7: 22; Ecl. 3: 19). Por lo tanto, no puede ser ni la mente ni la inteligencia

“Un ser viviente

Cuando a la forma inerte del hombre se le comunicó este divino “aliento” de vida, neshamah, el hombre se convirtió en un “ser” viviente, néfesh. La palabra néfesh tiene una diversidad de significados: (1) aliento (Job 41: 21), (2) vida (1 Rey. 17: 21; 2 Sam. 18: 13, etc.), (3) corazón, como sede de los sentimientos (Gén. 34: 3; Cant. 1: 7; etc.), (4) ser viviente (o persona) (Gén. 12: 5; 36: 6; Lev. 4: 2, etc.), y (5) para hacer resaltar un pronombre personal (Sal. 3: 2; 1 Sam. 18: 1; etc.). Nótese que la néfesh es hecha por Dios (Jer. 38: 16) y puede morir (Juec. 16: 30), ser muerta (Núm. 31: 19), ser devorada (metafóricamente) (Eze. 22: 25), ser redimida (Sal. 34: 22) y ser convertida (Sal. 19: 7). Ninguno de estos casos se aplica al espíritu, rúaj, lo que indica claramente la gran diferencia entre los dos términos. Por lo expuesto se ve que la traducción “alma” dada a néfesh en la versión Reina-Valera, antes de su revisión de 1960, no es apropiada si se quiere referir a la expresión comúnmente usada “alma inmortal”. Aunque sea popular, este concepto es completamente ajeno a la Biblia. Cuando “alma” se considera como un sinónimo de “ser”, tenemos el significado de néfesh en este texto.

“Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos” Sal. 146:4

“Sus pensamientos”

Heb. ‘eshtoneth, voz que sólo aparece aquí. Deriva del verbo ‘ashath, que sólo aparece dos veces: en Jer. 5. 28, donde se traduce “se pusieron lustrosos” y en Jonás. 1: 6, donde otra forma del verbo se traduce “tendrá compasión”. En Dan. 6 aparece el verbo arameo ‘ashith, que significa “proyectar”, “planear”. Pero si se entiende que David escribió este salmo (CS 601), es poco probable que haya esta relación. Parecería más razonable pensar que ‘eshtoneth deriva del Heb. ‘ashath, “tomar nota de”. Por eso se considera correcta la traducción “pensamientos” de la RVR. Tanto la LXX como la Vulgata apoyan esta traducción.

“Perecen”

Es decir, acaba su estado consciente. La Biblia no apoya en absoluto la doctrina popular de que los muertos permanecen conscientes hasta la resurrección. Por el contrario, enfáticamente refuta tal enseñanza (Sal. 115: 17; Ecl. 9: 5). Se emplea comúnmente el verbo dormir como símbolo de la muerte (Deut. 31: 16; 2 Sam. 7: 12; 1 Rey. 11: 43; Job 14: 12; Dan. 12: 2; Juan 11: 11, 12; 1 Cor. 15: 51; 1 Tes. 4: 13-17; etc.). La declaración de Jesús, que consolaba a sus discípulos con la idea de que ellos volverían a estar con él en ocasión de su segunda venida y no en la muerte, enseña claramente que el, “sueño” no es una comunión consciente de los justos con el Señor (Juan 14: 1-3). Del mismo modo, Pablo explicó que al producirse el segundo advenimiento, todos los justos -los que entonces estén vivos y los muertos que resucitarán en ese momento- se unirán simultáneamente con Cristo, sin que los vivos precedan a los muertos (1 Tes. 4: 16, 17).

Jesús enseñó que la muerte es un sueño que termina en una de las dos resurrecciones: una resurrección para vida o una resurrección de condenación (Juan 5:28, 29)

“E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.” Mateo 25:46

“Fuego eterno”

También llamado “fuego que nunca se apagará” e “infierno de fuego”. Las tres designaciones se refieren al fuego del día final que devorará a los impíos y todas sus obras (2 Ped. 3: 10-12; Apoc. 10, 14-15).

La palabra aionios, traducida como “eterno”, “para siempre”, significa literalmente “que dura un siglo” (La palabra aion, “siglo”, de la cual viene aionios, se comenta en relación con Mat. 13: 39.) Ese término destaca el hecho de que algo es continuo y no está sujeto a cambios repentinos. En los antiguos papiros griegos hay numerosas referencias a que el emperador romano era aionios. Se alude así al hecho de que eran emperadores para toda la vida. En griego, la duración de aionios debe siempre determinarse en relación con la naturaleza de la persona o la cosa a la cual se aplica. Por ejemplo, en el caso de Tiberio César, el adjetivo aionios describe un período de 23 años, desde su ascensión al trono hasta su muerte.

En el NT la palabra aionios se emplea para describir tanto el fin de los impíos como el futuro de los justos. Siguiendo el principio ya enunciado de que la duración de aionios debe determinarla la naturaleza de la persona o la cosa a la cual se aplica, se deduce que el galardón de los justos es una vida sin fin, mientras que la retribución de los impíos es muerte que no tiene fin (Juan 3: 16; Rom. 6: 23; etc.). En Juan 3:16 se establece el contraste entre la vida eterna y perecer. En 2 Tes. 1:9 se dice que los impíos sufrirán “pena de eterna perdición”. Esta frase no describe un proceso que seguirá para siempre sino un hecho cuyos resultados serán permanentes.

El castigo por el pecado es infligido por medio del fuego (Mat. 18: 8; 25: 41). El que ese fuego sea aionios, “eterno”, no significa que no tendrá fin. Esto resulta claro al considerar judas 7. Evidentemente, el “fuego eterno” que destruyó a Sodoma y Gomorra ardió por un tiempo y después se apagó. En otros pasajes bíblicos, se hace referencia a “fuego que nunca se apagará” (Mat. 3: 12), lo cual significa que no se extinguirá hasta que haya quemado los últimos vestigios del pecado y de los pecadores.

V.            LA SEGUNDA VENIDA

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Apoc. 1:7

Regreso de nuestro Señor a esta Tierra con poder y gloria, al final de la era evangélica, para recompensar a los hombres de acuerdo con sus hechos y establecer su reino eterno y glorioso. La expresión “segunda venida de Cristo” no aparece en la Biblia, pero se usan otros términos para describir el portentoso acontecimiento. Nuestro Señor se refirió muchas veces a “la venida del Hijo del Hombre” (Mt. 24:27, 37, 39; cf 16:27, 28; Mr. 13:26; 14:62; Lc. 9:26; etc.) y a su “manifestación” (Lc. 17:30). Pablo habla de “la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23; etc.), o en forma más sencilla de “su venida” (2 Ts. 2:8; 2 Ti. 4:8; etc.). Santiago se refiere a “la venida del Señor” (Stg. 5:7, 8), y Pedro a “la venida de nuestro Señor Jesucristo” (2 P. 1:16) y a “la venida del día de Dios” (3:12). Al recorrer el NT encontramos referencias a “aquel día” (Mt. 7:22; 24:36; Lc. 10:12; 21:34; 2 Ti. 4:8; etc.), “el día” (Ro.13:12; He. 10:25; etc.), “el día de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 1:8), “el día del Señor Jesús” (1 Co. 5:5; 2 Co. 1:14) y “el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

Los términos usuales en el NT para la 2ª venida de Cristo son parousía “presencia”, “manifestación esplendorosa”; epifáneia, “aparición”; y apokálupsis, “revelación”. La palabra parousía aparece comúnmente en los papiros para referirse a la visita de un emperador o un rey. Se la usa de vez en cuando para denotar “presencia” en contraste con “ausencia”, como en Fil. 2:12, pero más a menudo describe una “venida”, como la de Cristo (2 Ts. 2:1) o de seres humanos (1 Co. 16:17). Epifáneia se encuentra a menudo en las obras clásicas griegas para describir la gloriosa aparición de los dioses paganos. En el NT se emplea exclusivamente para referirse a las gloriosas 1ª (2 Ti. 1:10) y 2ª (1 Ti. 6:14; 2 Ti. 4:1, 8: Tit. 2:13) venidas del Señor Jesús. Apokálupsis se usa para la “aparición” o “revelación” de Cristo en ocasión de su 2ª venida (1 P. 1:7, 13; cf 4:13).

En las enseñanzas de nuestro Salvador está presente, en forma implícita y explícita, la necesidad de una 2ª venida para completar la obra de salvación comenzada en la 1ª. Esta dio testimonio del establecimiento formal del reino de la gracia divina, anunciado primero por Juan el Bautista (Mt. 3:2) y más tarde por el Señor mismo (Mr. 1:14, 15) y sus discípulos (Mt. 10:7). Durante todo su ministerio, Jesús habló acerca de su venida en gloria, cuando “se sentará en su trono de gloria” para juzgar a las naciones (25:31-46), para pagar “a cada uno conforme a sus obras” (16:27; etc.), para llamar a los suyos que descansan y “oirán la voz del Hijo de Dios; y… vivirán” (Jn. 5:25-29), cuando los ángeles juntarán “a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mt. 24:30, 31), y para recibir a los suyos junto a sí (Jn. 14:1-3). Inmediatamente antes de su ascensión, Jesús comisionó a los discípulos (Mt. 28:19, 20); se necesitaría tiempo para llevar a cabo este cometido, pero cuando ello ocurriera, la era evangélica llegaría a su fin (24:14).

A.      Naturaleza de la Venida

1.         Es corporal

En ocasión de su ascensión, 2 ángeles aseguraron a los apóstoles que ese “mismo Jesús” regresaría “así… como le habéis visto ir al cielo” (Hch. 1:11).

2.    Todos le verían

Entonces, “todo ojo le verá” (Ap. 1:7; cf Mt. 24:30) y “los muertos en Cristo resucitarán primero.

3.    Resurrección y ascensión de justos

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:16, 17).

4.    Somos Transformados

Se concederá la inmortalidad a los justos vivos y resucitados, “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos”, cuando “los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Co. 15:52). La 2ª venida de Cristo es el gran acontecimiento culminante que le pone fin a esta etapa de la historia de la tierra, e inaugura el comienzo de las edades sin fin de la eternidad. La gloriosa aparición de Jesucristo es la “esperanza bienaventurada” hacia la cual se dirige la mirada del cristiano en esta vida (Tit. 2:13), cuando se unirá para siempre con su Señor (Jn. 4:2, 3; 1 Ts. 4:17) y entrará en el reino eterno y a la eternidad, con sus goces infinitos (Ap. 21:1-5). Este es “el reino preparado” para él “desde la fundación del mundo” (Mt. 25:34), donde morará con Dios “por los siglos de los siglos” (Ap. 22:1-5)

CONCLUSION

Como adventistas la Biblia es nuestro fundamento de fe y doctrina. El ministerio de Elena G. de White nos da vislumbres útiles.

Alfredo Padilla Chávez

Pastor IASD Puente Piedra “A”

Colaboración: Pr. Juan Carlos  Dila

Escríbenos a: apadilla88@hotmail.com

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LIMA PERÚ

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