Aquella Tarde Triste


 

Yo subí a la colina aquella tarde

Caminaba y caminaba como un vagabundo,

Deseaba contemplar de allá arriba al mundo

Y huir de los problemas, como débil y cobarde.

 

Mas, hallándome en la sima, solitario,

Apartado del camino, yo, inocente,

Escuché que venía mucha gente,

Y miré que agitaban un sudario.

 

Yo curioso, acerqueme a la vereda,

Para ver ¿que la bulla encaminaba?,

Era un hombre, que la turba maltrataba,

Y atado de manos sin pena lo arrastraban.

 

Le empujaban, pateaban y escupían,

La sangre brotaba por sus sienes,

Y entre tanto al pobre hombre maldecían,

Pero no hubo quejas, ofensas ni lamentos.

 

Ya no pude aquel cuadro seguir viendo,

Y cubriéndome la faz salí corriendo,

Escondime en la maleza muy adentro,

Pues me dio mucho aquel encuentro.

 

Solo oía los gritos de la gente,

¡Hay que matarle! decían, ¡es indigno!,

¡Es insolente!; gritaban otros ¡No le dejen!

Y seguían pegándole en la frente.

 

La turba se corría calle abajo,

Y todo quedó triste y en silencio

Mas no tuve valor para acercarme,

Solo tuve una lucha de conciencia;

 

Y yo, quedé escondido aquella tarde,

Pensé, no tengo nada que ofrecerle,

No tengo ropa buena que ponerle

Ni pude defenderle ¡qué cobarde!

 

Oí hablar muy suavemente a dos personas,

Que acertaban a pasar por el sendero,

Y dijeron parecía un prisionero

Y que estaba totalmente muerto.

 

Es el Cristo, gritaron de repente,

Han matado al que amaba mucha gente,

Al que vino a salvarnos inocente,

Pero ya no hay esperanza, le mataron.

 

Y yo también lloraba con la gente,

Me sentía perdido y sin consuelo,

Yo bajé aquella tarde de la sima,

Juntas las manos y baja la frente.

 

Mas al tercer día vi la gloria,

Pues oí de Jesús resucitado

Y entonces recordé la historia,

Y grité, ¡Jesucristo me ha salvado!

 

¡Qué vergüenza sentí Dios santo!

Si no había la profecía escudriñado,

Ni sabía que estaba profetizado,

Ni sabía que el amor de Dios por mí era tanto.

 

Ya no tengo porque seguir pecando,

Ni vivir entre dos leyes claudicando,

Solo quiero vivir con Jesucristo,

Y sus santos mandamientos guardando.

 

Autor: Ramón Calderón Cortéz

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El salmo de la television


SALMO DE LA TELEVISIÓN

(Más en serio que en broma)

La televisión es mi pastor, nada me faltará.
En delicados sillones me hará descansar;
me desviará de la fe; destruirá mi alma.
Me guiará por sendas de sexo y violencia
por amor al patrocinador.

Aunque ande en valle de sombra de mis

El salmo de la Tv, tu salmo de la tele

responsabilidades cristianas,
no temeré interrupción alguna
porque la televisión está conmigo.

Sus colores y control remoto
me infundirán aliento.
Aderezas comerciales delante de mí
en presencia de mi mundanalidad.

Unges mi cabeza con humanismo y
materialismo; mi codicia está rebosando.

Ciertamente la flojera y la ignorancia
me guiarán todos los días de mi vida;
y en mi casa mirando televisión moraré
por largos días.

Se lo mejor (poema)


Sé lo Mejor
Si no eres pino alto y robusto
que en la cumbre sé llena de esplendor
no te aflijas por eso, sé un arbusto;
pero entre los arbustos, sé el mejor.

Si fueres césped tan solo en la pradera
embellece el camino con tus flores;
y si un pececito tan solo fueras
sé el encanto del lago donde mores.

No podemos ser todos capitanes,
si nadie es tropa el esfuerzo es vano;
no tan solo hay lugar para titanes
tenemos obra al extender la mano.

Si no fueres camino, sé vereda,
sé una estrella si no fueres Sol
no es ser grande la gloria verdadera
cualquier cosa que seas: sé lo mejor.

Ábrele tu Corazón (poema)


¡Si tú supieras, amigo, lo mucho que Dios te ama!
Te lo muestra cada día desde las horas tempranas.

Te levanta, te alimenta, te viste, también te calza;
y si te encuentras enfermo, si le pides, El te sana.

Piensas que lo tienes todo, ¡Pues algo especial te falta!
aunque ahora no lo entiendas lo comprenderás mañana.

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